En el mundo de los negocios, la independencia ofrece un interesante paquete de ventajas (bien conocidas, por cierto) pero a su vez aquella libertad supone una serie de riesgos que, al ser evaluados, en muchas ocasiones conducen a considerar el modelo de franquicias (ver mas en Estudio Canudas) como una opción válida y atractiva. Naturalmente, una franquicia no es sinónimo de éxito asegurado y pleno, aunque hay que decir que la posibilidad de fracaso es mucho menor en relación a los negocios que se operan en forma independiente. Las posturas son diversas, dependiendo del perfil y los intereses de cada persona que se dispone a ingresar al mundo de los emprendimientos.

Los defensores del modelo de negocio consistente en la venta y compra de licencias esgrimen argumentos válidos y a los cuales es bueno prestar oídos. Por un lado, señalan que el sistema de franquicias aparece como una comprobada estrategia de comercialización y no sólo eso, sino que es el resultado de investigaciones de mercado, una experiencia que siempre es útil para saber qué camino seguir. En este orden, a diferencia de lo que implica iniciar un negocio independiente, ser parte de una franquicia implica tomar provecho de sus aprendizajes, del modo en que ha superado los obstáculos y de cómo se ha consolidado aquella estructura tanto en términos administrativos como operativos.

Alguien dijo que “la experiencia es un peine que te da la vida cuando te quedás pelado”, y en cierta medida ser parte de una franquicia permite comprar ese peine cuando aún tenemos mucho pelo en la cabeza.

Ahora bien, cuando la disyuntiva es independencia versus franquicia, debemos decir que si se opta por la segunda opción lo ideal es escoger una de las franquicias disponibles (http://estcanudas.com.ar/franquicias-disponibles/) en el mercado que ofrezca una marca reconocida en el mercado y de comprobada solidez. Esto, si la idea es hacer diferencia desde el minuto cero de la apertura. Alejandro Fernández, consultor del estudio Gallastegui Armella Franquicias, señala que no se puede afirmar que el modelo de negocios de las franquicias sea mejor que montar un negocio independiente, aunque da cuenta de una variable clave: cuánto se soporta el riego. En este orden, explica que en el modelo de franquicias supone un esfuerzo conjunto en el cual se minimiza notablemente la posibilidad del fracaso, siendo que la curva de aprendizaje se reduce notablemente, esto en relación a montar un negocio independiente.

Por su parte, los defensores de la independencia comercial hacen flamear la bandera de la más pura autonomía y la innovación. Ocurre que a diferencia de lo que ocurre cuando se opta por una franquicia, esta opción permite decidir cuál será el enfoque de la empresa, tomar riesgos y apostar por innovaciones que respondan a las exigencias de los clientes, que por cierto son variables en breves lapsos de tiempo. Además, un negocio independiente abre la posibilidad de entablar alianzas y sociedades, lo cual no ocurre de igual modo en el mundo de las franquicias, que son modelos más cerrados.

Ahora bien, tal como apunta John Rampton en el sitio Entrepreneur, en este debate hay que tener presente un aspecto fundamental que aúna posturas: ¿has pensado que la franquicia es un negocio que también nació en forma independiente?